DAVID RICARDO

1. LOS FUNDAMENTOS DE LA ECONOMÍA RICARDIANA, VIDA.

1.1 Vida de Ricardo y su ambiente.
*18 de abril de 1772 - †11 de septiembre de 1823

David Ricardo nació en 1772 en Londres, de una familia judía que, procedente de la Europa continental, acababa de establecerse en la capital inglesa. Su padre había abierto un establecimiento de operaciones mercantiles y de corretaje, que comenzó operando con mercancías y terminó dedicándose a descontar letras de cambio y efectos públicos. Puede decirse que David entró en el mundo de los negocios cuando sólo contaba catorce años. Sus estudios escolares fueron, por tanto, breves y la destreza que desplegó en los negocios se debió a su capacidad para calcular con precisión y proceder con clarividencia.
A los 21 años se enamoró de una joven cuáquera y tuvo que enfrentarse con el dilema de elegir entre su amada y todo lo que representaba su pasado, lo que resolvió con una de sus típicas decisiones: se casó con la joven y se estableció en el mundo de las finanzas independientemente de su familia. Aunque el capital de que se disponía era escaso, tenía el instinto de los negocios y, a pesar de ser el prototipo del financiero, su inteligencia le llevó a interesarse por los estudios académicos, lo que indujo a leer “La riqueza de las Naciones” obra que centró su interés por la economía hasta el punto de que leía con avidez todo lo que se publicaba sobre esta materia.
En 1809 era ya una figura importante en los medios financieros de Londres y suscribía grandes cantidades de la deuda pública emitida por el Gobierno en su lucha contra Napoleón.
En 1807, cuando parecía inminente la victoria de Bonaparte, William Spence publicó un folleto con el título de Britain Independent of Commerce, cuyo fin era demostrar la fuerza de la posición británica, con Napoleón o sin él. Su idea básica de que la agricultura es la única fuente de la riqueza nacional era un nuevo brote del viejo árbol de la fisiocracia. La idea gozó de relativa popularidad y tuvo algunos defensores entusiastas.


1.2 La influencia de Mill sobre Ricardo.

Uno de estos defensores fue James Mill, que luchaba con la vida en Londres alquilando su pluma. En un folleto titulado Commerce Defended intentó demostrar que la agricultura es tan sólo uno de los componentes de la riqueza nacional, al que hay que agregar la manufactura y el comercio. Esta obra impresionó profundamente a Ricardo, el cual desde entonces tuvo empeño en conocer personalmente a su autor. Lo consiguió al poco tiempo, y este conocimiento influyó considerablemente en su vida ulterior.
James Mill estaba íntimamente relacionado con Jeremías Bentham, el principal dirigente del grupo de radicales filosóficos. Esto dio ocasión a Ricardo de conocer a Bentham y, aunque nunca intimó con él, Ricardo reivindicó la herencia filosófica de Bentham, deuda intelectual cuya significación en su vida se desconoce.
Su deuda con Mill fue más evidente. Mill le sugirió ideas, le enseño a expresarse con claridad y lógica e hizo la crítica de sus trabajos. Es indudable que David Ricardo debe al estímulo y a las enseñanzas de Mill haber llegado a ser un escritor competente.

2. EL ELEVADO PRECIO DE LA MONEDA METÁLICA.

La depreciación de los billetes de Banco ingleses dieron origen, en 1809, a una enconada polémica. Uno de los primeros resultados de las guerras napoleónicas fue la suspensión del pago en metálico de los billetes (la forma de dinero que tenía entonces mayor circulación) por el Banco de Inglaterra. La consecuencia inmediata fue que los precios comenzaron a oscilar desordenadamente. Como el papel moneda inglés era inconvertible, hubo quien sostuvo el criterio de que los billetes no se habían depreciado, sino que el oro se había encarecido.
Ricardo irrumpió en la polémica con una “Carta al editor” publicada en un periódico londinense. En ella sostenía que si los billetes del Banco de Inglaterra representaban verdaderamente en oro su valor nominal, no tendrían más que una prima insignificante sobre las monedas extranjeras basadas entonces en el patrón oro. Una nube de cartas en pro y en contra cayó sobre el periódico. Finalmente, Ricardo escribió un folleto titulado “El elevado precio de los metales preciosos es una prueba de la depreciación de los billetes de Banco”
Este folleto es particularmente interesante, ya que nos muestra los primeros pasos de Ricardo en los problemas económicos. Pese a que conocía perfectamente los hechos, por su experiencia en los negocios, en vez de comenzar por plantearlos y sacar de ellos conclusiones de carácter general, empieza por generalizar y sólo utiliza los hechos como simples ejemplos de generalizaciones previamente forjadas.
Sin embargo, el folleto alcanzó rápidamente cuatro ediciones, y la comisión creada en la Cámara de los Comunes para estudiar la situación monetaria publicó sus conclusiones en el “Informe sobre los metales preciosos” importante pieza en la historia de la teoría monetaria, utilizando, en esencia, aunque tácitamente, la teoría de Ricardo sobre la situación de la moneda, al asegurar que los billetes del Banco de Inglaterra estaban depreciados y que esta depreciación podía medirse por la prima de que gozaban los metales preciosos.
Ricardo y MAlthus se visitaron con frecuencia, y se trabó entre ellos una amistad que duró toda la vida. Los temas que trataron en su correspondencia fueron las cuestiones monetarias y la naturaleza del capital y del interés.



Ricardo coloca al frente de su teoría la distribución de la renta. Este problema, tal como él se lo plantea, implica determinar en qué proporciones se divide la totalidad de la renta nacional entre las clases de los terratenientes, capitalistas y asalariados.
En aquella época, Inglaterra pasaba por un gran debate en el Parlamento entre la aristocracia campesina y la nueva clase de los comerciantes o industriales. En defensa de sus intereses, los industriales se oponían a que se elevara el precio del trigo, por supuesto que el salario debía estar determinado por el coste de la alimentación del trabajador, en la que el pan representaba la mayor parte.
Ricardo sostenía, que los trabajadores asalariados no estaban representados en el Parlamento, se daba por sentado que no les era posible controlar el nivel de salarios. Esto llevó a Ricardo a pensar que los salarios reales son constantes, mientras que la renta de la tierra y los beneficios del capital varían.
Partiendo de estas premisas y siguiendo un camino enteramente lógico, Ricardo llegó a ciertas conclusiones sobre los cambios a largo plazo de la renta y el interés, originados por la expansión económica: en toda zona de tierra cultivada se origina una mejora con un aumento paralelo de la población y del capital acumulado. Como parte de un sistema aislado, supone que todos los demás factores se mantendrán fijos.
El supuesto de que aumenta la población es la única condición necesaria para poner en explotación nuevas tierras e intensificar las que están ya en cultivo. Las nuevas tierras serán lógicamente menos fértiles que las ya cultivadas, y la ley de rendimiento decreciente pondrá un límite a la intensificación del cultivo de las granjas en explotación pues llegará un momento en que la remuneración no será proporcional a la inversión que en ellas se haga.
Las tierras de la más baja calidad que se ponen en cultivo no producen renta, su rendimiento es el estrictamente imprescindible para remunerar los servicios del cultivador y de los obreros que hayan sido necesarios para la explotación de la finca.
Un aumento de la población y del capital acumulado tendría como consecuencia una disminución de los ingresos de los capitalistas proporcional a la reducción del rendimiento en las tierras marginales. Por otra parte, hay que tener en cuenta que la competencia tiende a igualar todas las oportunidades de inversión, por tanto el rendimiento mínimo de las tierras en explotación podría servir de patrón y generalizarse a otras esferas.
La diferente fertilidad del suelo es precisamente lo que da origen a la renta de la tierra. Dadas estas circunstancias, todo aumento de la parte de la renta total que percibe el propietario del suelo se hace a expensas del capitalista, es decir, que la renta de la tierra se beneficia a expensas de la parte que corresponde al capital.
Puede decirse que para Ricardo, cuando el suelo prospera, la clase terrateniente gana por partida doble: primero por un aumento de la renta y, además por la elevación de los precios de los productos agrícolas. Por el contrario, los beneficios de los capitalistas tienden entonces a bajar y los salarios se mantienen por regla general.

Los últimos años de su vida los dedicó a la labor parlamentaria, con intervenciones como las reforma del Parlamento, la extensión del sufragio, la emancipación de la Iglesia católica y la libertad de prensa y de asociación, incluso defendió enérgicamente una incautación de capitales como medio de reducción de la deuda pública ocasionada tras la guerra, aunque el mismo habría que tenido que entregar gran parte de su fortuna de aprobarse el proyecto.
Murió a los 51 años y alcanzó el éxito en todo lo que abordó; comercio, política, economía…, y también acertó en la elección de sus amistades.



3. La esencia de la economía Ricardiana

3.1 EL INTERÉS.
Ricardo considera el interés como un residuo, como lo que resta después de haber atendido al pago apremiante de la renta y el salario, y simplifica sus explicaciones centrando su atención en las tierras por las que no se paga renta, en cuyo caso la totalidad del beneficio se divide entre el salario y el interés. Por otra parte, creía que cuando subía el precio de los alimentos, los salarios se elevaban proporcionalmente a expensas del interés.

El interés depende de que los salarios sean altos o bajos; los salarios, del coste de la vida, y éste procede, en gran parte, del precio de los alimentos.

Por esta causa, existe una tendencia natural a la baja del interés, ya que, “en la evolución progresiva de la sociedad y de la riqueza, la cantidad adicional de alimentos que se requieren se obtiene a cambio de un sacrificio creciente del trabajo”
La introducción de la maquinaria o de nuevos métodos en la agricultura puede detener o retrasar temporalmente esta tendencia, la cual no desaparece. Ricardo supone que su teoría es aplicable no solo a la agricultura, sino a toda clase de industrias. En estas, la relación entre salarios y beneficios del capital será inversa durante cierto tiempo, pero la competencia entre las industrias y las inversiones de capital tienden a equilibrar la renta de este último.
Su teoría del interés se basa en la de la renta diferencial y en la ley del rendimiento decreciente. En este sentido, afirma dogmáticamente que “la única causa efectiva y permanente de subida de los salarios es la dificultad de proveer a los trabajadores de alimentos y demás mercancías necesarias para la vida cuando aumenta el número de ellos.

3.2 LA RENTA
Ricardo comienza por imaginarse un país despoblado cuando llegan a él los primeros colonos. En estos momentos hay tierras de excelente calidad para todos y, por tanto, no representa la necesidad de pagar renta alguna. Pero a medida que aumenta la población, el área de las tierras libres de primera calidad se va reduciendo, y llega un momento en que es necesario comenzar a cultivar tierras de calidad inferior. Entonces empieza a pagarse una renta o premio a la fertilidad por las que llamamos tierras de primera calidad de las dos tierras.
A medida que la población aumenta, tierras cada vez menos fértiles van dedicándose al cultivo y pasando de la categoría de “no rentables” a “rentables”, y el importe de sus rentas estará determinado por su grado de fertilidad.
Dejemos que hable el mismo Ricardo sobre este punto.

Supongamos que hay tierras de calidad 1,2 y 3, las cuales producen, con una misma cantidad de trabajo y capital, un beneficio neto de 100, 90 y 80 fanegas de trigo respectivamente. En un país nuevo, donde hay abundancia de tierras fértiles en relación con el número de habitantes, sólo será necesario cultivar las tierras número 1, y la totalidad del producto neto pasará a poder del agricultor y será el beneficio de las inversiones que ha realizado. Pero tan pronto como el aumento de la población haga necesario cultivar la tierra número 2, que sólo produce 90 fanegas de trigo, aparecerá la renta en las tierras número 1. Por lo tanto, o estimamos que hay dos tipos de beneficios para el capital agrícola, o hay que eliminar en este concepto las diez fanegas de trigo - o su importe en dinero- que producen mas las tierras número 1.Tanto si el propietario cultiva tierra número 1 como si lo hace por medio de otra persona, estas diez fanegas de trigo son renta. El cultivador de una tierra número 2 obtendrá el mismo beneficio de su capital si cultiva una tierra número 1 pagando diez fanegas de trigo de renta, que si cultiva su tierra número 2 sin pagar renta. En idéntica situación se encontrarán los propietarios de las tierras número 2 cuando las número 3 entren en cultivo: su renta será de diez fanegas, mientras la de los propietarios de las tierras número 1 se elevarán a veinte. Los propietarios de las numero 3 obtendrán el mismo beneficio cultivando sus propias tierras que pagando una renta de veinte, fanegas a los dueños de la número 1, o de diez a los de las número 2.
También piensa Ricardo que la renta puede origen en la intensificación del cultivo de una misma tierra, en relación con niveles diferentes de inversiones de capital y mano de obra.
Sucede con gran frecuencia que antes de que las tierras de calidades 1,2,3,4,5 y aun inferiores, se pongan en cultivo, el puede emplearse con mas provecho en tierras que ya están cultivadas. Puede suceder que si doblamos el capital inicial invertido en una tierra de calidad 1, aunque el beneficio que obtengamos no será ciertamente el doble, esto es, no se aumentará en otras cien fanegas, sí puede suceder que se incremente en ochenta y cinco, cantidad que excede en cinco fanegas al beneficio que el agricultor podría obtener invirtiendo el mismo capital en una tierra número 3. En este caso, el capital se emplearía fructíferamente en la tierra primera, e incluso crearía renta, porque renta es siempre la diferencia obtenida en el empleo de dos cantidades iguales de capital y trabajo.

El precio de trigo queda determinado por el coste de producción de la parte de la oferta general de trigo de coste mas elevado. Los sectores de costes de producción mas altos serán los marginales de cultivo extensivos e intensivos (el último y mas elevado del coste que origina un incremento de la cosecha obtenida por un cultivo intensivo de las tierras mejores). A juicio de Ricardo, la diferencia entre los precios, actuando del modo que hemos explicado antes y estando determinada en cada caso por el coste real de la producción, es lo que constituye la renta. Esta se origina en las tierras superiores en relación con las mas pobres y en los aumentos de las inversiones en las tierras de primera calidad.

Si se llega a un punto crítico en que se origina un alza en los valores comparativos es porque se emplea mas mano de obra para que produzca la última porción y no por la renta que se paga al dueño. El valor del trigo se regula por la cantidad de trabajo invertido en su producción en las tierras (o con la parte del capital) que no pagan renta. El trigo no alcanza un alto precio porque se pague cierta renta, sino al contrario se paga una renta cuando el trigo alcanza un precio elevado. En este sentido, se ha observado con justeza que el precio del trigo no se reduce aunque los propietarios de las tierras renuncien a cobrar la totalidad de sus rentas.

Ricardo llega a la extrema conclusión de que todos los demás procesos económicos se desarrollan del mismo modo, los precios agrícolas y la renta subirán también el incrementarse la población. Según su teoría de salario, éste se mantiene constante y no puede reducirse cuando los precios están subiendo. Por eso, si las rentas suben y los salarios se mantienen constantes, el interés o beneficio de las inversiones declinará en una economía en expansión, como si la población estuviese creciendo.
La teoría de la renta de Ricardo ha sido muy criticada, quizá porque sus críticos suelen confundir su especial concepto de la renta con el sentido corriente que se da a esta palabra. Para Ricardo, la renta no es, en esencia, el pago que se efectúa por el uso de la tierra o los servicios de la tierra, sino un excedente, es decir, un gasto superfluo en la producción.
Ricardo define la renta como “aquella parte del producto de la tierra que se paga al propietario o que se invierte en la utilización de las fuerzas originarias e indestructibles del suelo”. En términos corrientes, se llama renta a la cantidad que se paga por el uso de la tierra y, además, por las mejoras, pero Ricardo estima que cualquier clase de mejora hay que computarla como inversión de capital. En principio, hay que convenir que Ricardo tiene razón: en la tierra radican la fuerzas que hacen fructificar las cosechas, y éstas continúan creciendo, se pague o no la renta. Esto quiere decir que estos pagos no influyen en que la cosecha se produzca. Partiendo de este punto de vista, es lógico que Ricardo considere la renta como un excedente.
Otro supuesto de Ricardo es el de una sociedad donde reina la competencia y la movilidad de los factores de producción. Esta especial posición se debe seguramente a su experiencia en el mercado de dinero de Londres, donde los valores y las divisas extranjeras podían venderse y comprarse rápidamente, con lo que era posible asegurarse el máximo rendimiento del capital. Pero que esto suceda en la agricultura es sumamente dudoso, y mas aun en la industria pesada. Una vez que el arrendatario ha tomado posesión de una granja, no puede desembarazarse de ella sin sufrir una pérdida importante; por otra parte un propietario sin escrúpulos puede elevar su renta bajo la amenaza de desahucio. En este caso, Ricardo diría que, aunque esta situación se desviaba de las premisas abstractas en la que basaba sus especulaciones, ello no impedía que, en términos generales, las tendencias descritas por él continuasen en vigor.
Ricardo llega a la misma conclusión a la que anteriormente había llegado Adam Smith, pero lo hace de un modo mucho mas sutil a través de un análisis de los cultivos marginales, en vez de afirmar que la renta es el precio del rescato forzosamente exigido por el propietario del suelo, apoyándose en que el Estado le ha concedido el dinero para hacerlo, al transformar en privado lo que antes había sido público. Ambos estiman que la renta de la tierra es un remanente inútil que pasa al bolsillo privado del propietario, mas que un anticipo financieramente necesario en el proceso de la producción.

3.3 EL SALARIO.
Distingue por una parte, el precio de la mano de obra en el mercado a corto plazo, en el que desempeñan un papel importante la escasez y el regateo, y por otra, lo que él denomina precio “natural” , que corresponde a lo que nosotros llamamos largo plazo.
El precio natural del salario es el necesario para garantizar a los trabajadores un nivel de subsistencia que les permita perpetuar su clase, sin aumentarla ni disminuirla.

Ricardo reconoce que, en una economía en expansión, el llamado “precio de mercado” puede mantenerse por encima del precio natural durante un período de tiempo considerable, si las inversiones de capital se realizan a un ritmo superior el incremento de la mano de obra.
Esta situación da por resultado la elevación de los salarios. El llamado “precio natural”- a largo plazo- es mas variable que constante, pues se altera según el tiempo y el lugar. Un bajo nivel de vida en una región o en cualquier sector de población puede dar origen a un salario diferencial dentro de un mismo país. Por ejemplo, si la familia media norteamericana fuese a pie al trabajo y sólo comiese carne dos veces por semana, los salarios americanos serían mucho mas bajos de lo que son en la actualidad, porque el trabajador y su familia necesitarían meses para vivir.
Ricardo tiene la convicción de que los salarios tienden al mínimo, y es pesimista en lo concerniente a la mejora del salario a largo plazo; opina como Malthus, que toda posible elevación será rápidamente neutralizada por un incremento de población, por considerar que las rentas elevadas de los trabajadores conducen a un aumento de la natalidad. Creyendo sinceramente que los salarios, la renta de la tierra y el interés tienen un camino propio y rígido de actuación y que los salarios tienden a un mínimo, sostenía, por ejemplo, que la tasa de los salarios redundaría, a causa de la falta de flexibilidad de los mismos, en beneficio del interés.
Para comprender el pensamiento de Ricardo es conveniente conocer la vida inglesa de su tiempo. Las tierras estaban gran parte en manos de familias que las habían heredado de generación en generación y que las arrendaban a granjeros capitalistas, los cuales, a su vez, empleaban obreros para trabajarlas. La clase trabajadora se encontraba en pésima situación, primero porque la ley no permitía a los trabajadores organizarse, y segundo, por estar basada su política en la premisa de que los salarios bajos permitían a Inglaterra competir en el mercado internacional. Muchos trabajadores tuvieron que abandonar sus pueblos natales, gran parte de ellos eran artesanos cuyos oficios habían quedado anticuados a causa de la rápida invasión de la maquinaria. Al poder realizar ciertos trabajos las mujeres y los niños durante la revolución industrial, el nivel de vida y los salarios bajaron hasta el punto de que en las familias tuvieron que trabajar varios miembros para poder salir adelante.
Ricardo parecía estar también convencido de que el trabajador inglés era una especie de gallina al que sólo interesaba que le dieran mas trigo y que carecía de las mas elementales nociones para conseguir el control de natalidad. Por tanto, si se aumentaban los salarios, la inesperada prosperidad se le subiría al trabajador a la cabeza, y éste daría rienda suelta a sus deseos y procrearía hijo tras hijo. Pero llegaría un momento en que los niños, ya convertidos en hombres, acudirían al mercado del trabajo, y esta oferta suplementaria haría bajar los salarios a su antiguo nivel.
Este pesimista criterio, según el cual a largo plazo, los salarios tienden a reducirse al mínimo, ha recibido el nombre de “ley de hierro del salario". Esta ley no admite que un aumento de la productividad pueda crear más bienes y servicios útiles sin aumentar la población, si la maquinaria reemplaza a la mano de obra. Dicho en otras palabras, puede haber un incremento de producción sin que aumente la demanda de trabajo. Y si, al mismo tiempo, el número de nacimientos se reduce, pueden subir el salario real y el nivel de vida.
Las ideas de Ricardo estaban relacionadas con la historia de su tiempo. Rentas y precios elevados eran el fenómeno mas importante en Inglaterra durante las guerra napoleónicas.
Debido probablemente a que conocía muy poco la economía del campo, como evidencia al no tener en cuenta la distancia del mercado en la determinación de los precios agrícolas, la teoría de Ricardo es incompleta.
Algunos postulados de la teoría de Ricardo no resisten un estudio atento. En primer lugar, supone que los productos de tierras de diferente fertilidad, o que se obtienen con cantidades distintas de trabajo, tienen todos ellos el mismo valor de cambio, sin pensar que, en muchos casos, la diferencia de tamaño del grano o la calidad del producto justifica precios diferentes. Además ¿por qué el agricultor ha de sembrar siempre grano? Nada se opone a que hagan inversiones en fertilizantes para dedicar sus parcelas a cultivar rosas u orquídeas, y consiga un beneficio en tierras escasamente fértiles, igual al que obtiene otro granjero plantando patatas en tierras de primera clase.
Otro punto que puede atacarse, aún mas decisivamente, en la teoría ricardiana, es que limita su explicación a la renta “diferencial”. Probablemente, no se ha dado ni un solo caso en que un propietario base conscientemente su renta en el excedente diferencial ricardiano. Cuando las tierras escasean y el arrendatario no tiene mas alternativa que trabajar sus tierras para poder comer, es fácil darse cuenta de que la parte del propietario puede aumentar a expensas del arrendatario. La teoría de la renta diferencial ricardiana es quizás una consecuencia de su teoría valor, según la cual el valor de cambio de las mercancías está determinado por la cantidad de trabajo necesario para su producción.

3.4 El valor

El valor de cambio de una mercancía se mide por la suma de trabajo necesario para su producción, Smith había sostenido que esta teoría tenia explicación en las sociedades primitivas, pero Ricardo fue mas lejos y la acepto como una ley general, el afirmo quees la cantidad comparativa de mercancías que el trabajo puede producir lo que determina su valor relativo.
Smith y Cantillon establecieron una distinción entre el valor de mercado a corto plazo, forjado principalmente por la oferta y la demanda, y el mismo valor a largo plazo, determinado por el coste de producción. Ricardo ignoro el corto plazo completamente; en este aspecto, su teoría es inferior a la de sus antecesores.
Ricardo no concedió importancia alguna a la tierra ni al capital como factores de producción o creadores del valor, pues al considerar la renta como un remanente diferencial, esta no entra para nada en los costes. El capital no fue para el mas que trabajo “congelado” en instrumentos de trabajo, por lo que no hay que considerarlo como elemento independiente.

4. Critica de la Economía Ricardiana

A menudo establece como leyes generales proposiciones que tienen un campo de aplicación en extremo restringido y están basados en postulados muy particulares. Consideremos su teoría de la renta diferencial.
Sus críticos han indicado que son necesarios otros supuestos si se quiere dar validez a su análisis.
Entre tales postulados pueden citarse los siguientes:
- Que la tierra ha de producir mas de lo estrictamente necesario para sustentar al cultivador
- Que la agricultura obedece a la ley del rendimiento decreciente
- Que la productividad del trabajo es siempre de la misma calidad, y que las leyes o instituciones peculiares inglesas son universales

Ricardo presupone que el medio físico que le circunda, la organización social, la técnica industrial y hasta la especifica naturaleza humana que el vio en su país, es permanente y universal. Supone que la población continuara creciendo u presionando sobre los recursos, y no prevé su descenso, ni las nuevas costumbres alimentarias, ni la puesta en cultivo de nuevas tierras, ni la mecanización de la agricultura.
También previo la posibilidad de cultivar un producto de cotización tan alta en el mercado, que, con la venta al extranjero de una parte de la cosecha, se disponga de lo necesario para alimentar a toda la nación.
Suponía que la sociedad estaba dividida en propietarios, capitalistas y trabajadores, lo cual le preocupaba, porque veía irreconciliables conflictos de intereses entre estas clases y la tendencia del capitalismo a destrozarse a si mismo a causa de la constante baja de la tasa de interés.
Sostuvo que solo un orden basado en la propiedad privada podía conseguir la prosperidad, el capitalista tiene que estar convencido de poder disfrutar del fruto de sus inversiones.


5. ULTIMOS REPRESENTANTES Y OPONENTES DE LA ESCUELA CLÁSICA.

5.1 Juan Bautista Say.
J.B Say fue el principal divulgador de las ideas de Adam Smith- y de otros clásicos ingleses- en Francia y en todo el continente europeo.
Estimaba que la economía debía presentarse como una ciencia exacta; realizó una enorme tarea de sistematización, porque tanto Smith como Ricardo, fueron escritores sumamente desordenados.
Su plan general del estudio de la economía, era de fraccionarlo en partes que estudien separadamente la producción, la distribución y el consumo de la riqueza. La producción es el resultado de los factores tierra, trabajo y capital; la distribución es consecuencia de la retribución debida a estos agentes productivos.

El nombre de Say aparece unido a su celebrada “ley de los mercados”. Reducida un esquema elemental, esta ley no es más que la estructuración de la idea de que los bienes se compran con otros bienes. La moneda es sólo un medio de cambio, que, después de facilitar el canje de dos mercancías, sigue mediando en la permuta de otras.
Las importaciones no perjudicarán a la producción interior, ya que el país que exporta a otro se convierte automáticamente en un mercado para el país que ha recibido sus mercancías. La “ley de mercados” es una consecuencia de la libertad de comercio. En el interior de las naciones, la industria, la agricultura y el comercio pueden convivir en armonía; todas ellas son un mercado para los bienes de las demás.
A Say la teoría del Valor-Trabajo no le había satisfecho nunca plenamente, y llegó un momento en que se inclinó a aceptar las ideas de un precursor muy conocido en Europa, el sacerdote y erudito italiano Fernando Galiani, el cual estableció que el valor está conjuntamente determinado por la utilidad y por la escasez.
Para Say, los empresarios y directores crean utilidad de una u otra especie, y por tanto su trabajo contiene valor. Descartando la teoría del valor basada en el trabajo, aunque no expuso claramente el concepto de utilidad.
Según Say, dentro del esquema del ciclo productivo, el director o empresario de una explotación crea mas valor que cualquiera de los otros factores de producción, al reunir los factores tierra, trabajo y capital, por lo cual merece una compensación. Estos factores tienen su retribución en forma de renta, salario e interés, que corresponden a la tierra, al trabajo y al capital, y es lógico que un empresario tenga también su retribución, la cual percibe en forma de beneficios. “no hay en ello explotación alguna”, dice Say. Y agrega que el sistema económico funciona automáticamente en beneficio de todos, como si lo guiase la mano de la Divina Providencia.
Say opinaba que el Gobierno no tenía que intervenir para nada en el desarrollo automático y armónico del sistema económico, y en ningún caso era misión de los economistas aconsejar medidas prácticas. A su juicio, la economía era una ciencia exacta, y su finalidad consistía en describir cómo funciona el sistema, exactamente como la física describe la forma en que actúan las inmutables leyes de la Naturaleza.

5.2 John Stuart Mill Mill 
Concebía a la economía como una ciencia que usaba un método a priori; es decir que luego de indicarnos supuestos se deducen las conclusiones. Este método debe probar su eficacia, sin embargo, no siempre hay concordancia en las palabras de Mill por lo cual se señalan unas causas perturbadoras que no pudieron ser tomadas en cuanta en sus análisis. Pero lejos de considerar esas causas estas fueron utilizadas como una excusa para justificar las divergencias entre el modelo y la realidad.
Respecto a sus contribuciones el mismo señaló que su único y más importante aporte era la diferenciación entre las leyes de la producción y de la distribución; es decir, respecto a las primeras dijo que éstas son de carácter natural en donde la intervención humana no puede cambiar dichas leyes, sobre las leyes de la distribución Mill afirma que son producto de arreglos sociales y en sí, son las instituciones las que las construyen y realizan la distribución. En este punto se diferenciaba de la gran mayoría de pensadores clásicos quienes construyen un sistema que fue utilizado en la política para cerrar los caminos a las masas oprimidas ya que según esta no había forma de mejorar la retribución al trabajador pese a la buena voluntad que se tuviera.
Un elemento de suma importancia en el pensamiento de Mill es su clara tendencia al eclectisismo que a su vez lo hace difícil de clasificar mas no de entender. En cuanto al Laissez Faire Mill se ubica en una posición intermedia que combinaba su convencimiento de la teoría clásica con su interés por el bienestar social; él sabía que en ausencia del intervencionismo del gobierno no necesariamente se daba la máxima libertad y que existían restricciones e injusticias que solo la legislación podía eliminar. Detrás de estos enunciados hay una aceptación de que las relaciones entre la sociedad no son del todo armoniosas.
La propiedad privada para Mill es un derecho que no debe ser considerado como absoluto así que la sociedad puede interponer sus criterios cuando se genere un conflicto con el bien público. Los elementos de la discusión de la propiedad privada, responden al eclectisismo de Mill. Respecto al modelo de política económica Mill acepta algunos elementos de la cátedra socialista pero no todos. Mill inicia por afirmar que al observar la situación del modelo capitalista, prefería un modelo socialista de desarrollo, pero luego se retracta considerando que en comparación al modelo socialista prefiere al capitalista en su esplendor.
Siguiendo con la economía Ricardiana, aceptó la furia del estado estacionario pero su amplitud filosófica lo llevó a que ese lúgubre final se convirtiera bajo sus ojos en un estado deseable en la medida que la sociedad se transformara en una entidad más bondadosa y menos materialista, preocupado por el bienestar social y no económico de los agentes.
Regresemos a las leyes de la distribución; con respecto a esto, Mill señala que aparte de la competencia, las costumbres reflejadas en las instituciones que habían prevalecido a través de la historia eran las responsables de la distribución del ingreso y no solo la primera, como generalmente lo asume la economía clásica.
Su teoría del valor la presentó en función de los costos de producción en la que los costos monetarios representan fundamentalmente a los costos reales de las desutilidades del trabajo y la abstinencia del consumo de los capitalistas.
No buscó la medida invariable como Ricardo, sino que se preocupó al estudio de los precios relativos. Para que un bien tenga valor de intercambio debe ser útil o difícil de obtener y solo en algunos casos muy inusuales el valor de uso determina el valor de intercambio y consideró a esta clase de bienes intrascendentes ya que son muy pocos los que tienen una curva de oferta perfecta e inelástica.
Los bienes de la manufactura tienen una curva perfectamente elástica y concluyó que el costo de producción es lo que determina el precio. Respecto a los productos agrícolas, consideró que el precio depende de los costos de producción prevalecientes en las circunstancias más desfavorables, lo que sí estaba claro para él es que el equilibrio final se logra cuando la cantidad demandada es igual a la cantidad ofrecida pero su terminología obscurece los conceptos de oferta y demanda.
El comercio internacional también fue objeto de su estudio y su principal consideración es la forma en que las ganancias obtenidas del comercio internacional se repartían entre los países. Fue más allá de Ricardo quien solo pudo dar una solución de promedio. John Stuart Mill concluyó que los términos del comercio dependen de la demanda que hay en ambos países por los productos importados, por otra parte introdujo el concepto de los costos de transporte y analizó la influencia de las tarifas impositivas en el comercio.
Realizó una brillante defensa de la ley de Say y desarrolló una teoría psicológica de los ciclos económicos.
Para terminar debemos conocer las reacciones de Mill sobre el fondo salarial, al principio él aceptó la doctrina convencional, pero respaldaba la formación de sindicatos ya que consideraba las desventajas del trabajador desorganizado frente a los empleadores a la hora de negociar un salario. Luego se retractó y afirmaba que la cantidad de fondos destinados al pago de los salarios fuese determinada; una fuerza de trabajo y una tasa salarial fijas.
Los trabajadores no podrían agotar dicha cantidad determinada, entonces la tasa salarial no está determinada de manera inamovible y existe un gran número de posibles salarios.
La profesionalización de la economía, la contradicción cada vez más clara entre la teoría y la práctica y la literatura de carácter humanístico, fueron los focos desde los cuales se elaboraron los ataques a la doctrina clásica concluyendo con la "caída" de la hegemonía de esta escuela.
Teoría del valor Su teoría del valor la presentó en función de los costos de producción en la que los costos monetarios representan fundamentalmente a los costos reales de las desutilidades del trabajo y la abstinencia del consumo de los capitalistas.


Historia de las Doctrina Económicas. Philip Charles Newman, Editorial Juventud S.A.

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